No leas jamás los prólogos de las novelas: más de una vez me he llevado un disgusto; muchos explican demasiado, de manera que ya sabes lo que pasará sin haberte leído el libro. Por ello, yo recomiendo leer el prólogo al final, cuando ya se ha acabado el libro. Sobre todo si el libro te interesa de verdad, ¡no leas el prólogo!
Ya sé que en esta página yo explico cosas que pueden estropearte un libro, pero es porqué no he encontrado la manera de hablar de lo que me gusta sin enviar al garete el secreto. Si la encontrase, creedme que la pondría en práctica. Mientras tanto, si de verdad quieres disfrutar de un libro, quizá es mejor que no me leas. Yo detesto cuando me estropean un argumento, y realmente es eso lo que hago. Qué contradicción. Pues no me leas y ya está. Lee libros, que van a aprovecharte más.
Yo no hago crítica literaria (dios me guarde), sólo intento expresarme. Pero, en realidad, hablo de mi misma. Eso ha sido escrito pero no hace falta que nadie se lo lea (de hecho, a parte de ti no sé si nadie se lo lee): me sirve el echo de escribirlo, y con eso es suficiente. Es como el náufrago que tira un mensaje dentro de una botellita a la inmensidad del mar. Antes lo escribía en mi diario, y no se lo leía nadie. Es una manera de expresarme, de compartir lo que me aporta la lectura. Y lo hago porqué me hace ilusión tener un blog. Pero pensar que alguien como ahora tú puede estárselo leyendo, y que le puede gustar o no, es un poco como caminar al filo del precipicio. Internet es una especie de precipicio. Un día decides tirarte y encuentras que eso de ir cayendo no está tan mal. Pero es una debilidad. Son ganas de hablar por hablar y de presumir que has leído tal o cual cosa. Si tenemos en cuenta que lo que hago es estropearte los libros, lo mejor que podría hacer sería callarme para siempre. Pero no me callaré, o sea que la única solución que veo es que no me leas. No me leáis y ya está. (Eso si es que hay alguien que me lee.)
Ya sé que en esta página yo explico cosas que pueden estropearte un libro, pero es porqué no he encontrado la manera de hablar de lo que me gusta sin enviar al garete el secreto. Si la encontrase, creedme que la pondría en práctica. Mientras tanto, si de verdad quieres disfrutar de un libro, quizá es mejor que no me leas. Yo detesto cuando me estropean un argumento, y realmente es eso lo que hago. Qué contradicción. Pues no me leas y ya está. Lee libros, que van a aprovecharte más.
Yo no hago crítica literaria (dios me guarde), sólo intento expresarme. Pero, en realidad, hablo de mi misma. Eso ha sido escrito pero no hace falta que nadie se lo lea (de hecho, a parte de ti no sé si nadie se lo lee): me sirve el echo de escribirlo, y con eso es suficiente. Es como el náufrago que tira un mensaje dentro de una botellita a la inmensidad del mar. Antes lo escribía en mi diario, y no se lo leía nadie. Es una manera de expresarme, de compartir lo que me aporta la lectura. Y lo hago porqué me hace ilusión tener un blog. Pero pensar que alguien como ahora tú puede estárselo leyendo, y que le puede gustar o no, es un poco como caminar al filo del precipicio. Internet es una especie de precipicio. Un día decides tirarte y encuentras que eso de ir cayendo no está tan mal. Pero es una debilidad. Son ganas de hablar por hablar y de presumir que has leído tal o cual cosa. Si tenemos en cuenta que lo que hago es estropearte los libros, lo mejor que podría hacer sería callarme para siempre. Pero no me callaré, o sea que la única solución que veo es que no me leas. No me leáis y ya está. (Eso si es que hay alguien que me lee.)
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