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miércoles, 19 de abril de 2006

Amistad y crueldad

He terminado El bello verano. Como me pasó como con el otro libro de Pavese, los últimos capítulos los he leído de una tirada, no he podido dejarlo hasta el final. La curiosidad por saber "qué pasará" me ha vencido. Pues bien, ya lo sé. Sabía que no sería cosa de echar las campanillas al vuelo. Me parece un libro muy amargo. Al final, hay lugar para la esperanza, pero yo diría que más por una necesidad estética del autor que no por que sea verdad.

Las personas hieren, pero, ay, no podemos prescindir de ellas. ¿Es eso lo que nos viene a decir este libro? La gente no es perfecta, pero es lo único que tenemos. ¿Los hubiese perdonado yo? Ginia los perdona y se vuelve como ellos. Ahora sabe un poco de qué va el mundo. Y mejor perdonarlos que estar sola, eso es lo que piensa Ginia. De todos modos es un libro amargo, no dice mucho a favor de la amistad incondicional ni de la confianza en los amigos. Poder confiar en la gente que te rodea es importante. Pero en el universo de Ginia no hay más gente, o sea que en cierta manera sus últimas palabras son lógicas. El error ha sido suyo de pensar que los pintores, los artistas, eran diferentes, mejores. Para ella un pintor tenia un aura de vivir en otro mundo. Pero son como las demás personas.

Un libro agridulce, que deja un gusto amargo. Todos tenemos nuestros sueños, nuestras ilusiones. Pero por desgracia, tarde o temprano la vida se encarga de hacernos volver a la realidad. No sé quien decía que la realidad nos pone en nuestro sitio, y que nosotros, con la escritura, ponemos la realidad en el suyo. Pero no todo el mundo escribe. Pavese escribía y captaba una realidad amarga, pero llena de sensibilidad, belleza y de inflexiones humanas.

domingo, 2 de abril de 2006

Ginia y Amelia

Estos son los dos personajes principales de El bello Verano. Ginia es inocente, cándida. Amelia la sabe muy larga. De momento, leo con interés, pendiente de "lo que pasará". La sensibilidad de Pavese es evidente, pero aún no, aún no ha pasado nada. De momento, está creando ambiente. Pocos personajes, la sencillez de la vida cuotidiana, pequeñas alegrías y decepciones, inseguridades... y aún ningún amor. La amistad entre las protagonistas, y la lectora que empieza a sospechar que Amelia es una falsa, algo que Ginia no ve. Personajes que podrían ser de carne y hueso, que están vivos ante nuestros ojos. Sencillez y profundidad. Relaciones humanas.

viernes, 24 de febrero de 2006

Sobre Pavese

El próximo libro que he decidido leer es El bell estiu (El bello verano), de Cesare Pavese. He escogido este libro porque hace poco leí El diable als turons (El diablo en las colinas), de este mismo autor, y me gustó mucho. También leí su diario, L’ofici de viure (El oficio de vivir). Cesare Pavese se suicidó. Algo que me impresionó de su diario es que había leído a Shakespeare a fondo. Un amor no correspondido le llevó a una gran amargura – se nota en su cuaderno- y se acabó matando. El sufrimiento que le causó este amor no correspondido, el dolor, es palpable, patente, en su diario y se transmite al lector. Hace sufrir. Nadie que haya sufrido por amor puede dejar de sentirse conmovido.

Mientras leía El diable als turons escribí lo siguiente en mi propio diario:

“He leído un capítulo de El diable al turons y me cautiva la sencillez y la profundidad de este libro. (...) Vaya vaya con Pavese. De repente, una novela donde no pasaba nada no puedes dejarla... Así, como por arte de magia. (...) Entonces he leído un trozo de El diable als turons y empiezo a ver por donde va la cosa: comienzo a ver que este diablo al que hace referencia el título es una mujer... "la mujer es el diablo", dijo alguien. (...) Gabriela. Ella no tiene la culpa. No es que ella como mujer sea "el diablo", es lo que el hombre quiere de ella lo que la hace ser el diablo, lo que el protagonista quiere de ella. Sólo ve su falda, no sus ojos. Sólo la desea. (...) Pavese conocía a las personas, a pesar de sus prejuicios. (...) Esta novela me permite hacer algo que como chica siempre había querido hacer y nunca había podido: espiar una conversación entre chicos solos. De todos modos, no veo que hablen de nada esencialmente diferente de lo se podría hablar entre mujeres solas. Supongo que más burra yo de creerlo.” Y hasta aquí.

Y es con este estado de ánimo, pensando en su muerte, con el que me dispongo a empezar este libro.