Se me ha ocurrido una cosa: el otro día, en el cuento de Chéjov En casa de los amigos, el protagonista no quiere casarse con Nadia, y una de las razones podría ser no tener que cargar con un cuñado manirroto de por vida. Eso es justo lo contrario de lo que pasa el Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. Darcy va a buscar a Lydia y obliga a Wickham a casarse con ella sabiendo qué tipo de persona es Wickham y lo que significará estar emparentado con él: es decir, pagar todas sus deudas. Darcy lo sabe y a pesar de todo acepta la relación, porque ama a Elisabeth. En este sentido me parece más realista el cuento de Chéjov, pero en realidad son dos historias diferentes, y no sé si pueden compararse. ¿Son los hombres como Darcy una fantasía femenina? En todo caso, se trata de una buena fantasía. Y está claro que el protagonista del cuento de Chéjov no da la talla como galán (tampoco era lo que se pretendía), pero es un personaje con más matices.
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martes, 4 de julio de 2006
Galanes, personas y personajes
Se me ha ocurrido una cosa: el otro día, en el cuento de Chéjov En casa de los amigos, el protagonista no quiere casarse con Nadia, y una de las razones podría ser no tener que cargar con un cuñado manirroto de por vida. Eso es justo lo contrario de lo que pasa el Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. Darcy va a buscar a Lydia y obliga a Wickham a casarse con ella sabiendo qué tipo de persona es Wickham y lo que significará estar emparentado con él: es decir, pagar todas sus deudas. Darcy lo sabe y a pesar de todo acepta la relación, porque ama a Elisabeth. En este sentido me parece más realista el cuento de Chéjov, pero en realidad son dos historias diferentes, y no sé si pueden compararse. ¿Son los hombres como Darcy una fantasía femenina? En todo caso, se trata de una buena fantasía. Y está claro que el protagonista del cuento de Chéjov no da la talla como galán (tampoco era lo que se pretendía), pero es un personaje con más matices.
miércoles, 21 de junio de 2006
¿Dónde está el amor que falta?
Leo el libro de Peter Handke El miedo del portero al penalty. El ejemplar es de la biblioteca, y alguien lo ha leído antes que yo. Este alguien ha subrayado la frase:"Ahora que tenía las manos ocupadas, se sentía más inofensivo que antes". Es curioso eso de leer un ejemplar de un libro que alguien ha subrayado antes. Yo precisamente pensaba que en este libro no había nada a subrayar, y me encuentro con eso. También me resulta un poco chocante que alguien haya llegado al mismo punto del libro que yo, ya que es un libro que sólo se puede leer con mucha fuerza de voluntad. Y tiene que ser de una tirada, ¡qué remedio! ¿Qué pensaba esta persona de un libro tan extraño? ¿Era un chico o una chica? ¿Necesitó, como yo, toda su paciencia para acabarlo? Pero no lo he dejado.
Dos cosas: en la contracubierta se hace un resumen de libro que no es verdad, indicando unos hechos que no ocurren. Ya suele pasar eso, con los libros inclasificables y difíciles de resumir. Y la segunda: ¿cómo acaba? ¿Le cogen? ¿Están a punto de atraparle? ¿Se delata a sí mismo cuando cambia la moneda? ¿Le servirá el fútbol para recomponer su vida, o al menos su percepción de las cosas? Un libro muy extraño, mucho, que no sé si he entendido. ¿Si me ha gustado? No, la verdad. Pero no porque sea malo. Simplemente mi visión del mundo no encaja con la que nos muestra este libro. Pero eso no quiere decir que la mostrada sea menos verdad. Extraño, ya digo. De todos modos, por calidad que tenga el libro, se queda en la superficie de las cosas y de las relaciones humanas. No veo en él una empatía con el entorno, con las personas. (La cual cosa no es extraña si pensemos que es la visión de un asesino.) O sea que su gran defecto es su gran virtud. Pero yo diría que incluso los asesinos aman. Por cierto: si no mata a la segunda mujer es porque no se ha metido en la cama con ella.
¿No es preocupante que alguien escriba una novela así? ¿No es preocupante que alguien vea el mundo de esta forma?
sábado, 3 de junio de 2006
Sana obsesión
Con toda la emoción, he acabado de leer Novela de ajedrez, de Stefan Zweig. La he leído de un tirón, la fiebre por saber qué pasará me venció. Conozco una cosa comparable a la obsesión por el ajedrez que se describe en este libro: la obsesión por las novelas de Stefan Zweig, la primera vez que las lees. Es lo mismo, este olvidarse de todo, este no preocuparse por ninguna otra cosa, solo continuar leyendo; no comer, no dormir: sólo ir pasando páginas. Nunca es bueno obsesionarse, y además el libro viene a decir eso: cuidado con las obsesiones en las que no te comunicas con los demás. Pero ojalá hubiese más novelas de estas, novelas con las que te puedas obsesionar de esta forma.
Stefan Zweig era un maestro, un maestro en la descripción del microcosmos que es la mente de una persona. No se le escapa el matiz más fino del pensamiento, la más pequeña reacción humana. Es un autor del que, por lo que he leído por Internet, todo el mundo se enamora. Se hace difícil que pueda ser de otra manera. Hay autores que provocan infinitas controversias: la reacción ante Zweig es unánime. Todo el mundo destaca su sensibilidad, pero hay muchas cosas más, cosas que es un placer ir descubriendo. Como dice mi librero, sus novelas son pequeñas joyas.
Stefan Zweig era un maestro, un maestro en la descripción del microcosmos que es la mente de una persona. No se le escapa el matiz más fino del pensamiento, la más pequeña reacción humana. Es un autor del que, por lo que he leído por Internet, todo el mundo se enamora. Se hace difícil que pueda ser de otra manera. Hay autores que provocan infinitas controversias: la reacción ante Zweig es unánime. Todo el mundo destaca su sensibilidad, pero hay muchas cosas más, cosas que es un placer ir descubriendo. Como dice mi librero, sus novelas son pequeñas joyas.
sábado, 20 de mayo de 2006
El punto de vista
De Carol Shields leí Dejarlo todo. Es un libro que explica la historia de una madre que ve como su hija se pone a pedir caridad. El libro me gustó, pero veo un problema, y que está hecho desde el punto de vista de la madre. En ningún momento se da voz a la hija ni ella explica en sus propias palabras su experiencia. Por eso el libro me pareció incompleto. La historia paralela de la novela que escribe la madre me pareció superflua, sino es que se ponga como contraste de lo que es "ficción" con lo que sería la "realidad" de lo que explica el libro, pero que al fin y al cabo el lector sabe que también es una novela. Además, ¿cómo puede poner-se a escribir novelas con la hija pidiendo caridad? ¿De quien representa que es la culpa al final? ¿Del chico con el que sale? Una no se pone a pedir caridad por una escena que ve en la calle. La situación es el resultado de un largo proceso de interiorización, que no se menciona. No está bien aclarado. Pasa de puntillas por todo eso. El personaje del editor me gustó, es un buen detalle. Es interesante el punto de vista de esta madre que ve como su hija se pone a pedir caridad, pero a mí me hubiese gustado mucho más ver el punto de vista de la hija. Creo eso es lo que diferencia una buena obra de una gran obra.
miércoles, 10 de mayo de 2006
Edith Wharton
Aún recuerdo la impresión imborrable que me dejó La casa de la alegría. Una vez leí que John Gardner decía que Edith Wharton era menor. ¿Cómo puede ser menor una novela así? Vemos a Lily Bart ir de error en error, y no podemos hacer nada. La vida es así, a veces. Nos engañamos tanto como Lily Bart se engaña sí misma, y no podemos hacer nada. En este mundo en el que vivimos, es muy difícil saber donde está la verdad, la auténtica amistad, el auténtico amor. Ella se queda atrapada en la telaraña que ella misma ha dejado que se teja a su alrededor. La construcción de esta telaraña es uno de los grandes logros de esta novela. La vida de Edith Wharton fue una telaraña así en algún momento, pero gracias a la escritura consiguió salir de ella. La escritura, pero, fue para ella otra telaraña, y las exigencias del mercado editorial una espesa red donde quedó atrapada. La escritura puede salvarnos, pero también puede ahogarnos en un momento dado. A partir de ahora, escribiré sólo cuando la escritura me salve.
martes, 21 de febrero de 2006
¿Qué pasa con "Guerra y Paz"?
¿Qué pasa con Guerra y Paz? Pues que no logro acabarla. La he empezado tres veces, siempre me digo: esta vez la acabo. Pero es en vano. ¡Y pensar que leí Ana Karenina de un tirón! Esta es más gorda aún. "La madre de todas las novelas", dice de ella Sergio Pitol. Dice que hay 559 personajes, y no hace falta que me lo jure, porque la primera vez la deje precisamente porque confundía unos personajes con los otros y me hacía un lío. La segunda vez la dejé al llegar a la parte de la Guerra. La Paz era muy interesante, pero la Guerra... Al menos aprendí a distinguir a los personajes. La tercera vez la dejé simplemente porque ya sabía qué pasaría, en el trozo ya leído, y no era interesante. Soy un caso. ¡Y pensar que Rilke tomaba apuntes sobre los personajes mientras la leía! ¿Qué clase de apuntes debía tomar? Mi delicada mente femenina no se hace cargo. En fin. No sé si lo volveré a intentar. Supongo que sí, porque soy muy tozuda, y esta novela ha de haberse leído. También, todo tiene que decirse, cometí el error de leer el índice de personajes del final, para saber quien era quien (ya he dicho que me hacía un lío). El caso es que allí explica con quien se casará cada cual, y esto me ha estropeado la intriga. Si ya lo sé, ¿para qué continuar leyendo? Pero prometo leerla, algún día...
lunes, 20 de febrero de 2006
Rosamunde Pilcher
Querría romper una lanza a favor de esta escritora, que tiene dos libros realmente buenos. Los otros no valen tanto la pena, pero el Regreso y Los buscadores de conchas son muy interesantes. Era una señora mayor que escribía, y esto no puede ser obviado; son unas novelas escritas por alguien con mentalidad de señora mayor. La Guerra la marcó, y eso se nota. No hay nada de moderno ni de demasiado atrevido, pero así y todo son dos novelas que me gustaron mucho. Sobretodo me gustan los hombres que salen en ellas, en preferencia escoceses y pintores. El Regreso narra la peripecia de una chica que tiene los padres lejos del país; conoce una familia rica que se convertirá en su propia familia, pero no exactamente. Los buscadores de conchas es la historia de una señora mayor que tiene tres hijos que dice haber educado igual pero sólo una de entre los tres la quiere; también se centra en las peripecias de esta hija y las del jardinero de la señora mayor (escocés), que se parece a un antiguo amor suyo. Me gustaron mucho las dos, pero especialmente el Regreso, que creo que contiene escenas muy emotivas, escenas que después he releído. Me supo muy mal acabarla. Los buscadores de conchas quizá no transmite una carga de emoción tan profunda, pero tiene mucha calidad y se lee con mucho interés. He intentado leer más cosas de esta escritora (tiene media docena de libros, quizá más) pero he tenido que parar porque simplemente no me han interesado. No tienen el nivel de calidad de las novelas que he mencionado, a pesar que algunos tics (como comer chuletas de cordero) se conserven y a primera vista puedan parecer lo mismo. Me sabe mal decirlo, pero no son lo mismo.
miércoles, 1 de febrero de 2006
Poetas rusos
En El libro de la Memoria, Libro Tercero, Paul Auster menciona Mandelstam, uno de los autores de la lista. También menciona a Marina Tsvetáieva, de la que encontramos los poemas en la misma antología que Anna Ajmátova, El canto y la ceniza (Ajmátova es otra de los autores de la lista). O sea que Tsvetáieva es un nombre a recordar, que se añade a los ya citados.
En relación a Mandelstam, he descubierto que aparece mencionado en un libro que leí antes de llevar el blog: Ricardo Piglia habla de él en El último lector. Ossip Mansdelstam fue deportado a un campo de concentración bajo el régimen de uno de los dictadores rusos; se le recuerda calentándose ante una hoguera, en Siberia, en medio de la nada, rodeado de un grupo de prisioneros como él a los que habla de Virgilio. Recuerda su lectura de Virgilio, y esta es la última imagen que tenemos de él.
Marina Tsvetáieva se colgó el año 1941.
En relación a Mandelstam, he descubierto que aparece mencionado en un libro que leí antes de llevar el blog: Ricardo Piglia habla de él en El último lector. Ossip Mansdelstam fue deportado a un campo de concentración bajo el régimen de uno de los dictadores rusos; se le recuerda calentándose ante una hoguera, en Siberia, en medio de la nada, rodeado de un grupo de prisioneros como él a los que habla de Virgilio. Recuerda su lectura de Virgilio, y esta es la última imagen que tenemos de él.
Marina Tsvetáieva se colgó el año 1941.
sábado, 21 de enero de 2006
Caperucita escoge
Caperucita en Manhattan es una bellísima obra de Carmen Martín Gaite, que se lee de un tirón. Cuando la acabé, escribí un comentario sobre ella. Al releerlo la mañana siguiente decidí romperlo en pedacitos: me pareció reaccionario. Ahora que ha pasado un mes desde que acabé el libro espero poder escribir algo mejor.
El libro es una recreación del cuento La Caperucita Roja, pero que tome como modelo un cuento infantil no quiere decir que sea un libro para niños. Yo no lo creo al menos. El final, sobretodo, huye del esquema clásico del cuento de hadas. En su obra, la autora nos habla de la incomunicación y el aislamiento. Y al final, Caperucita decide convertirse en otra Miss Lunátic, es decir, en una marginada de la sociedad. En principio, esto no me gustó. Pero me he dado cuenta que ser Miss Lunátic es una forma más profunda de estar integrada. Es decir que, en realidad, no escoge la marginación, sino la integración, pero a su manera. Eso es lo que me gustaría destacar.
Cuando escribí el primer comentario, quise resaltar que no me gustaba nada que una niña de 10 años escogiese dejar a su familia para meterse en una alcantarilla. Ahora pienso que en todo caso es una alcantarilla simbólica, "el camino hacia la libertad".
De todos modos, habría mucho que discutir.
El libro es una recreación del cuento La Caperucita Roja, pero que tome como modelo un cuento infantil no quiere decir que sea un libro para niños. Yo no lo creo al menos. El final, sobretodo, huye del esquema clásico del cuento de hadas. En su obra, la autora nos habla de la incomunicación y el aislamiento. Y al final, Caperucita decide convertirse en otra Miss Lunátic, es decir, en una marginada de la sociedad. En principio, esto no me gustó. Pero me he dado cuenta que ser Miss Lunátic es una forma más profunda de estar integrada. Es decir que, en realidad, no escoge la marginación, sino la integración, pero a su manera. Eso es lo que me gustaría destacar.
Cuando escribí el primer comentario, quise resaltar que no me gustaba nada que una niña de 10 años escogiese dejar a su familia para meterse en una alcantarilla. Ahora pienso que en todo caso es una alcantarilla simbólica, "el camino hacia la libertad".
De todos modos, habría mucho que discutir.
domingo, 15 de enero de 2006
Ostra con perla
En el número 103 (Octubre 2005) del Qué leer hay un artículo del que extraigo algunas perlas:
El artículo se titula El cuadro vacio y lo firma un tal Miguel Dalmau. Dice:
"(En España) los lectores de qualité apenas llegan a 70.000. El resto es carne de cañón: aunque compren libros, están incapacitados para saborear los placeres literarios."
"El augmento de la masa lectora - y en consecuencia del fenómeno best-seller- es fruto del auge de la clase media, una clase que hace treinta años pertenecía al mundo rural o proletario y no leía."
"El mayor lastre de la modernización es que tanto lectores como escritores no dispusieron en su día de las herramientas necessarias para enfrentarse a un texto. Y por tanto, hoy les falta gusto estético y rigor intelectual. Estos elementos rara vez son innatos y solo aparencen en un ambiente propicio donde la literatura conviva con la música, la pintura o la conversación culta. A falta de ellos, el artista cachorro debe realizar un sobreesfuerzo para suplir sus carencias de origen."
"La mayoría de los autores recientes no tiene el criteri artístico necesario."
Y mi preferida:
"Otro tanto vale para el público, que sin ese criterio no está facultado para distinguir lo que le gusta de lo que es bueno."
"Pero estoy convencido de que la práctica totalidad ignora los nombres de Auden, Brodsky, Ajmatóva, Ashbery, Zagajewski, Torga, Sarduy o Mandelstam."
"El veradero arte acabará siendo oculto, minoritario, secreto."
Es decir, que los que tenemos “carencias de origen”, es decir, somos trabajadores, hemos ido a la escuela pública, y no somos de clase alta ni tenemos conversaciones cultas (sic) , ¡estamos incapacitados para saborear un buen libro! ¿No es mejor que leamos El código da Vinci que que no leamos nada? Lo que me ha picado el amor propio son estos autores que cita. Aparte de Auden, de los demás no había oído hablar. Pero si leerlos puede ayudarme a superar “carencias de origen”, a buen seguro que lo haré. Por lo poco que he investigado, parecen buenos, y ya puede serlo, ¡después de este exordio! Para mí, haber conocido estos escritores es la verdadera perla de este texto.
viernes, 23 de diciembre de 2005
El secreto del violín
Hace tiempo ya que leí el libro Una música constante, de Vickram Seth. Me gustó mucho. Últimamente he vuelto a pensar en él. Algo que no entendí de ninguna manera cuando lo leí es porqué Michael deja a la chica, si la quiere tanto. Claro que entonces ya no habría libro, pero ahora creo que la cosa va más allá. Ahora creo que el violín, y la relación que Michael Holme tiene con el violín, es la pieza clave de la trama. Tienen que separarse y hace ruidos. Ella está y no quiere tocar. Es como si el violín estuviera vivo y estuviese celoso de su relación con ella. ¿Es una tontería? Quizá. En todo caso, tendríamos que preguntarle al propio autor si ha metido esto en su libro. La historia, en su sencillez, cobra una nueva dimensión con este elemento. Ahora se trata de saber si podría ser cierto. ¿Es el violín el culpable? ¿Es cómo si estuviera vivo y tuviese sentimientos hacia él? No olvidemos que se trata de un libro, y en los libros, todo es posible...
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