Mostrando entradas con la etiqueta fuente de agua clara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fuente de agua clara. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de julio de 2006

Palabras de Zagajewski

"En mi habitación se amontonan los sueños
prietos como alfombras
en una tienda oriental, sofocante,
y ya no hay espacio para nuevos poemas."

Humo
Adam Zagajewski
Poemas escogidos

lunes, 3 de julio de 2006

Agua fresca

"¿Acaso son la imágenes la esencia de un poema? ¿No es el sentimiento el que da sus latidos a un poema?"

Robert Walser


Vuelvo a esta frase cada vez que he de comentar un poema. Estoy leyendo Poemas escogidos, de Adam Zagajewski. Me gustan mucho. Son completamente diferentes de los de Ashbery, pero igual de valiosos. Zagajewski usa unas imágenes claras y nítidas, sin abstracciones, casi diría que "tocables", y no rompe la continuidad del poema con salidas que no te esperas como lo hace Ashbery. En este sentido, los poemas de Zagajewski son mucho más comprensibles. Transmiten una gran sencillez, impresión que en realidad no se consigue sino es con una gran dosis de elaboración. Las imágenes son cristalinas, y tampoco falta en ellas el sentimiento del que habla Walser. Es más, yo sobretodo destacaría el sentimiento. Pero también las imágenes. Los poemas de Zagajewski (al menos los que he leído hasta ahora) son como una fuente de agua clara y fresca, y apagan la sed de todo aquello que se busca en un poema.

domingo, 2 de julio de 2006

Palabras de Zagajewski

"Alrededor de nosotros se extiende la prosa del mundo, y en un ventrículo del corazón, la poesía acecha."

La prosa del mundo
Adam Zagajewski
Poemas escogidos

sábado, 24 de junio de 2006

Palabras de Zagajewski

"Algunos lloran; otros fuman cigarrillos elegantes, leves como el aliento de un gorrión."

Georges Seurat:La fábrica
Adam Zagajewski
Poemas escogidos

lunes, 19 de junio de 2006

Palabras de Zagajewski

"El éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno"

Habla más suave
Adam Zagajewski
Poemas escogidos

viernes, 10 de febrero de 2006

Comentario y dudas

Esta entrevista me ha gustado mucho. Es algo diferente de lo que se ve en los periódicos normalmente. Quizá también porque el entrevistado es alguien de bastante nivel. También está a la altura el periodista, haciendo preguntas con jugo, y al menos parece haber leído y conocer la obra de la persona a la que entrevista, algo que está muy bien; quiero decir que tiene algo más que un conocimiento superficial. Me ha gustado lo que Zagajewski dice del don, y de esta voz que dicta. La inspiración, en una palabra. Y el miedo a perderla. Me viene a la cabeza el caso de Bob Dylan: él reconocía haber perdido la magia que inspiró sus primeras canciones, su calidad literaria; Reconocía haberlo tenido y haberlo perdido, como si la musa le hubiese dado la espalda... Zagajewski no dice que le haya dado la espalda, peor habla de que a veces su musa no ha estado al nivel que podía dar. Es curioso eso, que se pueda ser tan autocrítico sobre la propia obra.

Este ser crítico consigo mismo está muy bien, y se me ocurre que me he propuesto leer y hablar de unos autores (los de la lista y otros) que parecen muy buenos y no sé si estaré a la altura. He leído un poco y puedo donar mi opinión sobre un libro, pero tengo miedo de haberme metido en algo que sobrepasa mi capacidad. Una cosa es comentar Los pilares de la Tierra y otra muy diferente dar una opinión fundamentada sobre cualquiera de los autores que me dispongo a leer. Sin estudios de literatura, sin conocimientos realmente profundos de nada, ¿cómo me atrevo? Más aún, me da miedo no entender estos libros, o que no me gusten. No estar capacitada para disfrutarlos. Como decía el autor del artículo, yo no soy de clase alta. Es más, si leo estos libros y no me dicen nada, ¿estoy preparada para admitirlo? ¿O sabiendo que son buenos mi orgullo no me lo permitirá? Helo aquí.

lunes, 6 de febrero de 2006

Entrevista a Zagajewski

"La poesía ha de conjugar ironía y éxtasis"
JACINTO ANTÓN - Barcelona
EL PAÍS - Cultura - 19-11-2005

«Adam Zagajewski, de visita en Barcelona de la mano de su editor, que le ha publicado poemarios como Tierra del fuego y Deseo, es un hombre de aspecto tan parco que parece difuminado en el entorno. Su rotunda inexpresividad se contradice con una mirada inquisitiva, y con el humor y la emoción que anidan en sus palabras.

Pregunta. Conocer a un poeta tiene algo de especialmente turbador. Es alguien con quien se han compartido momentos muy intensos, aunque él no lo sepa...

Respuesta. Entiendo lo que dice. Tengo la misma impresión con los poetas que leo. El problema es que el autor no conoce la vida interior del lector, la situación no es simétrica, por desgracia.

P. Usted relaciona muy bellamente la inspiración poética con un despertarse del dormir que sería la cotidianeidad. El poeta pasa de un estado a otro.

R. Así veo mi vida interior. Una vida entre la indolencia, el olvido de las cosas mayores, y el despertar. La fenomenología de ese tránsito es muy interesante, y muy personal.

P. ¿Experimenta el poeta el miedo a perder su voz?

R. No puedo hablar por todos, pero por lo que sé ese miedo existe y es general. Ese momento de inspiración, de apertura, es como un don y por tanto puede ser retirado. Yo conozco ese miedo. Pienso en el destino de Sibelius, que pasó sus últimos 30 años sin inspiración, destruyendo toda la música que componía.

P. Está también Valéry.

R. Sí. La célebre noche de Génova, el 4 de octubre de 1892. Como todos los poetas jóvenes era romántico, con grandes ideas. Y tuvo una crisis, una iluminación negativa. Reconoció que el fuego se había apagado. Esa noche tormentosa se dijo que no había nada especial, sólo la técnica, el método. Se mantuvo fiel a esa noche hasta el final de su vida, a la idea de que la inspiración no existía.

P. ¿De dónde viene el don?

R. Ésa es la gran pregunta. Seguramente sólo se puede responder en los grandes momentos. Cuando puedo escribir, en los momentos de lucidez, pienso siempre que recibo algo. Un sentimiento casi religioso. En el momento de más grande actividad poética estoy pasivo. Hay algo de dictado. Ocurre raramente, pero es la ocasión soñada por el poeta.

P. ¿Y no se puede equivocar?

R. Sí. El dogma de infalibilidad no existe en los poetas. Yo me he equivocado muchas veces. Pensaba que eran grandes poemas y no lo eran. Eso que me fue dictado no era bueno. Era un diablo quien me lo daba o un Dios que no estaba a la altura de su capacidad.

P. ¿Ha renegado alguna vez del don?

R. Raramente. Pero algunas veces complica la vida personal. Hay momentos en que no estoy disponible para los que amo. El poema es para los demás pero el momento en que lo escribes no. Es solitario. Y eso es difícil de entender para la pareja.

P. En ese hermosísimo libro que es La belleza ajena recuerda usted sus orígenes como poeta y los relaciona con la ciudad de Cracovia.

R. No puedo establecer una relación absoluta de ello con la ciudad, porque hubo una prehistoria. Crecí en una ciudad gris de Silesia, no muy bonita, pero tuve ese momento de despertar ya allí. Entonces no sabía qué era. Pero sí, Cracovia es muy importante para mí. Tiene esa forma medieval con un centro renacentista que me ayuda a organizar mi vida mental. En cambio, me pierdo en las ciudades de Estados Unidos. No tienen centro, son amorfas; no se puede establecer una correspondencia entre la vida interior y la ciudad. En Cracovia, sí.

P. Y está la misteriosa piedra engastada en el castillo del Wawel.

R. Supe de esa piedra mítica muy tarde. Me chocó. Es una bella metáfora. Igual que existe la poesía en el mundo está ese objeto especial, escondido, que dicen irradia energía. La gente no sabe en qué muro se encuentra, aunque hay cierto consenso. El director del área patrimonial del castillo ha prohibido acercarse a ese punto, pese a ser un racionalista.

P. ¿Le gustaba a usted de joven pasear por el desolado barrio judío de Cracovia, el Kazimierz?

R. Era como un desierto. No sé por qué, desde la infancia o la pubertad soy muy sensible al Holocausto. De niño paseaba con mi abuelo por un parque de Lvov y había unas barracas que, me dijeron, habían sido una filial de Auschwitz. Era un lugar muy oscuro y yo sentía que tocaba algo muy terrible. El recuerdo del gran mal que estaba presente en la ciudad de mi infancia casi me paraliza. Y tenía una abuela antisemita a la que detestaba. En el Kazimierz sólo vivían vagabundos, alcohólicos y prostitutas. Una especie de maldición había caído sobre aquel sitio. Empecé mi vida de disidente en ese barrio. Ahora se bebe mucha cerveza allí, se ha creado una vida artificial, simpática, pero sigue siendo inquietante.

P. Cracovia está tan cerca de Auschwitz...

R. Hay un autobús Wieliczka-Auschwitz, ¿puede creerlo?, una línea que une los dos grandes destinos turísticos. La mina de sal y el campo de exterminio. Es insólito.

P. Usted ha hecho poesía después de Auschwitz.

R. Nunca he creído ese dictamen de Adorno que, sin embargo, no dijo exactamente que no se pudiera hacer poesía después de Auschwitz sino que hay un cambio después. Claro que hay que escribir poemas después de Auschwitz, pero sin olvidar Auschwitz. Tras Auschwitz somos distintos.

P. En En defensa del fervor dice usted que la poesía ha de dar forma a la vida interior pero tiene también que velar por la historia.

R. Lo veo como una unidad. Los momentos de lucidez de que hablábamos son históricos, pero se viven en la cotidianeidad, en la vida normal, con un ojo abierto a la historia. El poeta es alguien que es consciente de la historia y cuando parte para el viaje de la inspiración uno lleva las maletas, también las malas, de la historia. Y así, sus experiencias luminosas son coloreadas por el negro.

P. Ha escrito que la poesía tiene ciertas limitaciones. No puede por ejemplo describir el mal como las novelas de Dostoievski.

R. Eso creo. Hay una cierta negatividad humana difícilmente objetivable en la poesía. Pero le quedan muchos dominios. Tiene una ventaja sobre la prosa: es una voz que habla directamente al lector.

P. Pero la poesía depende completamente del receptor.

R. Absolutamente. Eso es cierto en modo variable en cualquier arte. Pero leer poesía tiene una dificultad: a veces no puedes corresponder. Leerla requiere mucha energía. El lector de poesía también es un poeta, un poeta que ha decidido no explicarse. Por eso la poesía no tiene grandes tiradas: En cada generación hay sólo un grupo de gente que puede responder a la poesía. Hay que estar despierto para ser despertado.

P. Usted defiende lo sublime pero teme la grandilocuencia.

R. Soy muy consciente de los peligros del patetismo, algo que detesto. Soy partidario de un concepto de lo sublime en el que la ironía no está ausente. Es un sublime que ha sobrevivido a Auschwitz, un sublime mutilado. Se vive entre esos extremos, la ironía y el éxtasis. La poesía debe reflejar esa dicotomía.

P. Es usted la única persona que conozco capaz de apreciar a Cioran y a Wojtyla, que por cierto era amigo de su tío agnóstico.

R. Corresponde a ese viaje entre la duda y lo sublime. Adoro a Cioran aunque no estoy de acuerdo para nada con él. Me dice cómo ser honesto, cómo controlar lo patético.

P. ¿Se sentía en EE UU como Ovidio en Tomis?

R. No, no. En los campus hay mucha vida intelectual. Los clásicos están más vivos ahí que en Europa. Y las bibliotecas son las mejores del mundo.
P. Tiene usted una sensibilidad especial hacia los pájaros, no por el vuelo como Shelley, sino por el canto.

R. Siento que su canto tiene una correspondencia con los poetas. Los pájaros son los poetas antes de la inteligencia. Me gustan especialmente los mirlos. Su canto es una alabanza del mundo. Desgraciadamente, son pocos los que escuchan a los pájaros.»